jueves, 4 de julio de 2013

Niños y adolescentes en el mundo actual


                                                                   
Presentado en Pereira, 14 de noviembre: Seminario itinerante las enseñanzas de los analistas: Los efectos del Discurso.

Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su époc… Que conozca bien la espira a la que su época lo arrastra en la obra continuada de Babel, y que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes” Función y campo de la palabra  y del lenguaje en psicoanálisis.  Discurso de Roma 1953
Un gran número de efectos psicológicos, sin embargo, están referidos, en nuestra opinión, a una declinación social de la imago paterna. Declinación condicionada por el retorno al individuo de efectos extremos del progreso social… Cualquiera que sea el futuro, esta declinación constituye una crisis psicológica…Como quiera que sea, las formas de neurosis predominantes en  fines del siglo pasado son las que revelaron que dependían en forma estrecha de las condiciones de la familia….Nuestra experiencia nos lleva a ubicar su determinación principal en la personalidad del padre, carente siempre de algún modo, ausente, humillada, dividida o postiza”. Lacan Los complejos familiares en la formación del individuo. 1938. Otros escritos P. 61
Si el psicoanálisis es el campo de una ética que incluye el goce, el analista como lo dice Lacan es quien puede interpretar la lengua del goce,  y me pregunto entonces si las neurosis, o más bien los fenómenos que vemos en este inicio de siglo tienen que ver con eso que le vuelve al sujeto,  lo que retorna a él, de los efectos extremos del progreso social, diríamos, del discurso actual. Estoy tomando una cita de 1938, del  joven Lacan aventurándose en el universo del psicoanálisis  pero puntuando aspectos que pienso son susceptibles de interrogar lo que pasa en nuestra actualidad, pues ubica tempranamente como crisis psicológica, eso que de lo real vuelve al sujeto sin ser simbolizado por la carencia del padre,  que nombra como  crisis y sabemos que es catastrófico. Lacan Señala  que las neurosis,  las grandes neurosis de finales del siglo XIX tenían esta impronta, dependían de la estructura familiar  y aunque sin decir cuales son los efectos  ni la forma  de dicha crisis ésta tiene que ver con la declinación del padre.  No se puede leer esto y que pase desapercibido. Por eso coloco las dos citas juntas pues el analista no puede ser indiferente a esa lengua del goce que se habla en su época, época que en nuestro caso ya no se anuncia la declinación del padre, más bien  asistimos a su caída casi total, y somos entonces llamados a decir algo. Yo no voy a interpretar nuestra época, solo voy a tratar de ubicar algunas reflexiones sobre la infancia y a la adolescencia, es decir sobre las subjetividades del inicio de siglo XXI bajo el horizonte de estas referencias, el goce de la época y la declinación del padre.
Si bien infancia y adolescencia no son categorías psicoanalíticas, pues niños y adolescentes en el dispositivo analítico son un sujeto cabal, voy a tratar de ubicar las coordenadas esenciales del advenimiento subjetivo y de los pasajes específicos que tiene el sujeto en la vía de su organización y cómo estos coinciden con los periodos infantiles y adolescentes, pero más que hacer una exposición sobre los temas freudianos de la sexualidad me voy a centrar  en lo que es la pregunta por los efectos que tiene en la subjetividad de algunos niños el discurso actual.

¿Qué es un niño?  

Freud ubica como  eje central de la vida infantil el complejo de Edipo en cuyo resorte tenemos la castración. Sabemos que el complejo de Edipo no está aislado de las vivencias sexuales de la infancia pues uno y otras son correlativas, de modo que la sexualidad para el humano es estructurante puesto que se juega en la relación con el Deseo de la Madre y la Ley del Padre.
La infancia entonces  no es solo un momento evolutivo en relación a la edad sino más bien un momento lógico de organización simbólica donde se pone en juego el sujeto con su cuerpo y el empuje pulsional que  este abriga, más el hecho de estar sujetado al deseo del otro;  yo creo que es claro el énfasis de Freud al nombrar tempranamente el lugar de los padres en el devenir subjetivo. La infancia no como categoría sino como momento lógico de construcción subjetiva es entonces fundamental en la reflexión que les propongo, pues insisto el sujeto queda preso de lo que ocurre en la subjetividad de los padres,  lo que Freud llamará el Edipo , es  una estructura no de tres sino de cuatro, el deseo de la madre, el nombre del padre el  sujeto y el significante que nombra el deseo, el significante fálico.  El padre en este primer momento, o mejor, La función  del Padre es señalada por Lacan como determinante, pues nombra el deseo de la madre, como algo por fuera del niño mismo, y en este sentido tiene también función separadora, en cuanto apunta a un deseo más allá, deseo ligado a una ley en la que el niño debe inscribirse para ser su heredero.
Para Freud en la pubertad hay un nuevo despertar de la sexualidad, momento segundo antecedido por el  apaciguamiento de la latencia, periodo en el que el aun niño tramita el exceso de goce de la sexualidad infantil, y que en la pubertad  reaparece como segunda fuerza en el momento  en la que las convulsiones de los cambios fisiológicos ponen en el centro de la vida subjetiva nuevamente el asunto sexual; en esta segunda emergencia los padres de la infancia porque han sido tramitados son destituidos y el adolescente con un cuerpo nuevo y completamente sexual, pues fisiológicamente tiene como evacuar el goce que se impone, tiene un saber sobre lo que en la infancia quedaba velado, el saber del coito y del orificio vaginal específicamente dice Freud, sin embargo hace falta el encuentro con el otro del sexo  para que algo de este despertar emerja bajo las formas de la sexualidad genital. 
La pubertad da cuenta de un empuje que podríamos pensar como lo real de la sexualidad, pero dicho empuje no es sin estar enmarcado por el lenguaje, de modo que cada uno se las arreglara con este florecimiento, y posiblemente  lo que se llama adolescencia es una forma de tramite de lo real del cuerpo. En este segundo momento entonces el sujeto verifica su posición sexuada, pero esta la realiza esencialmente con las palabras, las novelas y las fantasías construidas a partir lo sexual  al cual se le coloca un marco de lenguaje y procura un sentido a entonces  eso que es siempre enigmático para el sujeto,  las palabras de los iguales, las historias, los cuentos referidos al sexo y a la sexualidad que Lacan dirá haciendo alusión “Al despertar de la primavera” que no se daría sin el despertar de sus sueños, es decir de lo que se organiza simbólicamente alrededor de lo real de la pulsión que se impone.   
En “El despertar de la primavera” de Wedekind, al que tanto Freud como Lacan aluden para hablar de esto que se organiza en el tiempo posterior a la latencia,  el autor liga en la adolescencia tanto el despertar  sexual y lo que él trae aparejado de goce y placer sexual, con la  reproducción y la muerte. En el texto se describe de forma maravillosa el despertar sexual  de los jóvenes hombres y mujeres  con las preguntas, las intrigas  y las teorías que tejen unos y otros, las astucias de los adultos que intentan retrasar el momento del saber sobre lo sexual, y que disfrazan mojigatamente lo que ellos descubren por el sentir de sus cuerpos y por las tertulias y deducciones que aportan sus amigos…dos jóvenes mueren en la obra: uno se suicida luego de tener la descripción de lo que pasa en el acto sexual por un o de sus compañeros y la otra se muere a causa de los abortivos que le suministran confundiendo la sintomatología de la enfermedad con un embarazo, muerte y despertar sexual ligados de forma muy bonita en un texto que sin duda amerita un comentario mucho más profundo, pero que solamente menciono para apuntar lo que tiene de decisivo en la organización subjetiva este tiempo que llamamos adolescencia.
Entonces si nos hiciéramos también la pregunta qué es un adolescente, podríamos decir que es la manera como un sujeto resuelve parte de lo que es el empuje real de lo sexual que es lo que llamamos pubertad, empuje  que está acompañado  igualmente de unos cambios específicos en cuanto a los caracteres secundarios de la sexualidad,  el cuadro no completo pero aproximado sería:  padres de la infancia  destituidos, emergencia de lo real del sexo,  cuerpo pulsional y  la modificación de la imagen del cuerpo, suficiente entonces para hacer de este segundo momento lógico, un momento de convulsiones y de movimientos que pueden hacer tambalear los amarres del sujeto.  

El discurso actual, ¿de qué lazos se trata?

Sabemos que el psicoanálisis es una forma de tratamiento del goce, de lo particular de quien se somete a un análisis, sabemos entonces que como tratamiento es en el uno por uno que se desarrolla, sin embargo recuerdo la cita con la que comencé acerca de la necesidad que el analista sea interprete del horizonte de su época; a mi entender  no quiere decir que se ocupe de las colectividades, pero si que como interprete del uno por uno pueda acumular una experiencia de eso que pasa en el contexto donde esas singularidades se causan, es así como Lacan a partir de la noción de discurso tratará de formalizar la estructura del ordenamiento de las colectividades.
La noción de discurso en Lacan es de finales de  los años 60, Lacan hace su seminario, “El reverso del psicoanálisis”  seguido a los eventos de mayo del 68, y lo que pretende articular allí,  ya lo han dicho todos los colegas,  es una estructura que de cuenta de los vínculos en lo colectivo, de cómo estos vínculos se organizan, se ordenan; de donde tenemos una definición de lo que es el discurso, como la forma, el modo de regular, de ordenar los lazos sociales. Aunque la noción de discurso es puramente lacaniano, algo de esto leemos en el Malestar en la cultura de Freud, donde dice que uno de los rasgos particulares de la cultura es la “el modo en que se reglan los vínculos recíprocos entre los humanos: los vínculos sociales, que ellos entablan como vecinos, como dispensadores de ayuda, como objeto sexual de otra persona, como miembros de una familia o un Estado” p. 93  en el curso del seminario hemos escuchado sobre  algunos de estos discursos que Lacan propone.
Yo no voy a profundizar en la teoría de los discursos ya se ha dicho bastante,  solamente quiero señalar  algunas características posibles, entre otras, del discurso en que vivimos: lacan se anticipa un poco a los efectos del capitalismo en el mundo, él lo postula en 1970, es decir hace 40 años, de modo que lo que se mostraba como el despuntar del capitalismo no es lo mismo que vemos hoy, el capitalismo globalizado; pero lo que hizo Lacan fue vislumbrar un poco lo que este discurso traería como efecto pues tiene una característica particular y  es que mientras los demás discursos nombran los vínculos sociales, los ordenan, los regulan y de alguna manera los producen,  el discurso capitalista deshace los vínculos sociales, Marcelo Mazzuca lo ejemplificó muy bien en su conferencia pública,  esto es algo importante, para entender lo que son los posibles  efectos del discurso actual en las subjetividades. 
Bien entonces partamos de la evidencia de que nuestros vínculos hoy están causados en buena parte por el capitalismo, por el discurso de la ciencia, de la tecnología, y esto trae una serie de consecuencias.
Dentro de este mundo globalizado  hay un rasgo evidente en las relaciones actuales, y es el ordenamiento social que se hace alrededor de los derechos humanos y en este marco sobre la libertad de elección;  no es en vano que sea en esta época bajo estos ideales que surgen nuevas formas del lazo sexual, ahora hay tantas designaciones del gusto sexual, de elección sexual, o de goce sexual, e incluso de la identidad, cuantos sujetos hay; es posible que eso que se nombra hoy con nombres múltiples y variados existiera ya, pero bajo la egida de los derechos, de la libre elección y del libre desarrollo de la personalidad todo esto parece casi una pandemia, todos y cada uno reivindican su particularidad, que sabemos es una particularidad de goce, y sabemos por Freud que la pulsión es polimorfa y además perversa, por lo que formas de goce son tantas y variadas como los sujetos, pero hoy todos tenemos  derecho a reclamar nuestra particularidad  como normal puesto que es aceptada (es un derecho)  y un poco  empujada por el discurso social, rescato una nota de Lacan al respecto “para que algo tenga sentido en el estado actual del pensamiento es triste decirlo, pero hace falta que se plantee como normal…” (El saber del psicoanalista. Entrevista en el hospital Santa Ana. Inédito 3.02.72), esto lo dice Lacan en el 72, es decir nos separan 38 años del enunciado, es claro que tenía razón, pero lo señalo para mostrar el vinculo necesario entre la aceptación del discurso circundante y lo normal, es decir, lo importante no es el sujeto con su elección particular sino la opción que los lazos sociales, dan a esa forma de elección que en nuestra época no es solo normal, sino que hay un cierto empuje  al acto (salir del closet por ejemplo, como se llama el hecho de que alguien declare que es homosexual) y entre los más jóvenes, no solo es normal, sino que incluso estamos en el punto de que lo anormal sería no probar,  ya no es un asunto intimo sino algo a lo que las formas de lazo pueden empujar.
Las coordenadas de nuestra época no son las mismas coordenadas en las que surge el psicoanálisis, ni siquiera son las mismas de la época en que muere Lacan. Ya diez años van corridos del nuevo siglo y es una época completamente diferente a la de fin de siglo. No se trata hoy de la represión de la sexualidad, ni siquiera se trata hoy de la liberación femenina en cuanto al trabajo y la sexualidad, se trata más bien de la  banalización del encuentro sexual e incluso se trata del espectáculo sexual, donde las trasgresiones están al orden del día, la multiplicidad de practicas y una suerte de liberación sin freno, al punto que su vuelve socialmente problemático. Al final de los 80’s parecía que el VIH/SIDA pondrían un cierto freno a lo que se anunciaba de dicha liberación, talvez los primeros años de los 90’ aun estaban bajo esta circunstancia, en Colombia se establece el proyecto de educación sexual, pero a más de dos décadas de estos hechos si siquiera la proximidad de la muerte a causa del encuentro sexual frena este especia de liberación, esta suerte de desencadenamiento,  aunque miles de personas mueren diariamente  en el mundo por una enfermedad de la que aún no hay cura. 
En las descripciones de los textos producidos por analistas o desde el psicoanálisis se habla de la caída de los ideales, de la perdida de punto de capiton lo que da esta suerte de liberación sin freno, perdida de las creencias,  promoción del individualismo, globalización del mercado, de los intercambios, pero también de las formas de goces, que ya como dije no son individuales, ni privados, sino colectivos y públicos, de modo que nuestra sociedad es una sociedad voyerista, que muestra y se da a ver, sin marcar los limites de lo intimo, del pudor, tanto en materia sexual como de materia de intercambio de bienes, etc. una época enmarcada en el derecho, derecho a gozar cada uno a su manera, esto no es nuevo, el goce es particular, pero lo nuevo, es que eso particular del goce a hora es publico, y en tanto publico todo es normal, lo que enmarca una tendencia al derecho al goce cualquiera sea, pues ya ninguna particularidad parece trasgredir el buen uso o las costumbres, sociedad  basada en la tolerancia de la diferencia, empuja entonces a tolerar el goce a cualquier precio, lo que parece aun tener limite sería el goce de los niños, el goce sexual, o su uso de trabajo y de guerra…es el niño, también bajo la forma del derecho el que parece producir un freno, por lo menos, aun es mal visto gozar de un niño, la pedofilia esta en la mira de todos, pues como goce aun hace parte de lo intimo de lo privado, de lo que socialmente no se admite aunque se realice; casi ningún otro goce esta excluido en nuestra época.
Todo este rodeo para señalar pues lo referido al plano de los  derechos, no solo de la particularidad sino de la particularidad de goce de cada uno ejercida de forma publica.
Otra característica de lo que pudiera ordenar nuestros lazos sociales, es la tecnología que de la mano del discurso científico nos hace vivir siempre en retrazo con respecto a los goces posibles. Lacan llama Gadget a los objetos que nos ofrece la tecnología, Gadget  de los que no se puede prescindir en la época actual,  no me voy a extender, pero  un joven después de  12  años no se puede pensar hoy sin iphone, sin bakcberry, y por tanto sin la información al día, al segundo de lo que sus 800 amigos hacen, dicen, publican, imposible para ellos verse desprovistos de un tal objeto que parece parte del si mismo, dime que nuevo objeto tienes y te diré, no quien eres, sino cuanto vales, y que tan de la época eres.
Del lado de la ciencia tenemos igualmente que estructuras como la familia se van modificando, hace poco tuve acceso al libro de Marcela Iacub, “El imperio del Vientre”  publicado en 2004 y del que tenemos una percepción en una compilación colombiana sobre  los destinos de la familia, en el texto la señora Iacub plantea los modelos familiares ordenados bajo la forma del matrimonio que en la época actual cambia completamente la estructura, gracias a los avances en los que no se requiere básicamente ni del matrimonio, ni de la concepción coital para ser padre o madre, pues la inseminación con donante o incluso el vientre bajo alquiler son modalidades de la maternidad y la paternidad, etc. Estos temas del cambio en las estructuras familiares actuales están tratados en la compilación referenciada, pero de esto quiero señalar el asunto de los efectos que tiene el discurso actual sobre la estructura familiar, que ya no existe como la mayoría de nosotros sin duda la vivimos, pero no solo cambia en su composición, de esto se han ocupado algunos sociólogos, sino que básicamente apunta a un asunto con la paternidad que para mi aun es sorprendente y por ello la cita de Lacan aunque siendo del 38 tiene toda su vigencia pues el padre es siempre carente, retomo una parte “ Como quiera que sea, las formas de neurosis predominantes en  fines del siglo pasado son las que revelaron que dependían en forma estrecha de las condiciones de la familia….Nuestra experiencia nos lleva a ubicar su determinación principal en la personalidad del padre, carente siempre de algún modo, ausente, humillada, dividida o postiza”

Tendríamos que describir muchas cosas más de nuestro discurso actual para poder hacer una buena fotografía, pero mi interés es señalar algunos  aspectos que me permiten adentrarme en la reflexión que propuse .

En este contexto del discurso actual vuelvo a las preguntas: ¿Qué es una familia?  En el Malestar en la cultura  Freud dice la palabra “amor designa el vinculo entre varón y mujer, que fundaron una familia sobre la base de sus necesidades genitales” p 100, pues parte del doble fundamento de la convivencia humana: “la compulsión al trabajo, creada por el apremio exterior, y el poder del amor, pues el varón no quería estar privado de la mujer como objeto sexual, y ella no quería separarse de su hijo, carne de su carne” p.  99    Derridá parece en este sentido seguir a Freud, el se pregunta “¿a qué se llama familia?, yo no diría sin vacilar que la familia es eterna. Lo que es inalterable, lo que seguirá atravesando la historia es que hay, o que haya, algo que se llama familia, un lazo social organizado en torno a la procreación”, (Derrida Y mañana que, citado por M Izaguirre en destinos de familia. 192): si leo bien, no importa el tipo de organización, aunque para la época en la que escribe Freud hablamos de la familia conyugal, hombre, mujer. La definición de Derrida plantea el mismo principio, pero aquí no  importa sin son un padre y una madre. O dos hombres o dos mujeres, una familia es el lazo que se organiza alrededor de un hijo.
Bien, puesto que de interrogar la familia se trata, nos toca ver lo que Lacan designa como las funciones del padre y la madre,  en “Las dos notas sobre el niño”  hay unas indicaciones preciosas, de las que quiero partir para situar bien lo que creo son efectos en los subjetividades de los niños, de lo que ocurre con sus familias, es decir de lo que ocurre con aquellos que se organizan alrededor del niño:
La función de residuo que sostiene (y a un tiempo mantiene) la familia conyugal en la evolución de las sociedades, resalta lo irreductible de una transmisión - perteneciente a un orden distinto al de la vida adecuada a la satisfacción de las necesidades- que es la de una constitución subjetiva, que implica la relación con un deseo que no sea anónimo” es decir padre o madre son tal en cuanto que su deseo no es anónimo, no es padre o madre quien solo satisface necesidades básicas pues lo que señala Lacan es que  el asunto del deseo está en el centro de las funciones materna y paterna.

“Las funciones del padre y de la madre se juzgan según una tal necesidad. La de la Madre: en tanto sus cuidados están signados por un interés particularizado, así sea por la vía de sus propias carencias. La del padre, en tanto que su nombre es el vector de una encarnación de la Ley en el deseo.”

Yo no se si logran seguirme pero si los ordenamientos que se dan en la familia, es decir si en la familia también tiene efecto lo que decimos del discurso, en ella hay unas formas particulares de ordenar los lazos y los goces posibles, entendemos que es por lo que allí ocurre en tanto estructura amarrada al deseo;  si la familia y su ordenamiento tiene efectos de crisis psicológica, que es la hipótesis del 38, vemos bien que en las dos notas sobre el niño que son del 67 (creo) la hipótesis se precisa, se afina, pero no varía, pues el síntoma del niño dice Lacan depende puede tener dos formas, dependiendo de si se organiza como respuesta a lo que ocurre en la pareja, es decir a ese deseo no anónimo y del amarramiento a una ley, o dependiendo si responde como síntoma a la estructura fantasmática de la madre;  los efectos en la subjetividad del niño dependen de lo que ocurre entonces en esta estructura.


Para continuar quiero hacer alusión a dos casos.

Trabajo en el servicio de psicología de un colegio y una profesora nota en varios de sus niños recién ingresados a prejardin, algunas particularidades que ella quiere ver a tiempo (todos tienen entre tres y tres años y medio) uno de los niños que me remite dice ella parece estar en otro mundo, ella mima a un niño con la boca abierta viendo a otro lado, un niño que hay que tomar del brazo para que haga una actividad, que hay que traer del recreo porque no escucha la campana y ni que decir de la clase, no habla, no responde pero ella no sabe si es porque no le entiende, porque no oye o porque no sabe hablar. Efectivamente veo a C. en otro mundo, esta  impresión es literal, C. no responde ninguna pregunta y cuando responde dice algo completamente incomprensible, ya sea porque no se le entiende,  habla un lenguaje particular o porque su tono es muy bajo. Cuando veo a sus padres lo primero que me dice el papá es que sus niños C.  es gemelo  tienen un lenguaje particular con la madre, solo ella entiende a los tres años y medio, lo que ellos le dicen, el padre me dice de forma un poco  burlona, yo no creo que ella les entienda, ellos dicen cosas incomprensibles algo así como ñañaña., pero ella les responde de la misma manera y parece una conversación donde yo no tengo nada que ver; cuando interrogo a la madre, ella me dice muy molesta, que sus hijos tienen toda la vida para hablar bien, que a ella le gusta que hablen como bebés, porque son sus bebés, le digo que imagino que son también los bebés del padre, ella se molesta más aun, pues el padre me dice, no, solo parecen sus hijos, mejor dicho yo no tengo nada que ver y cuando se lo digo se pone molesta así como esta ahora, el problema es que para el colegio esto no puede continuar, la profesora piensa que es un niño anormal, pues claro si solo habla la lengua de su mamá…este caso no es un caso psicoanalítico, yo solo he hecho una entrevista con los padres y una con el niño, será necesario hacer en el seguimiento del caso para ver lo que ocurre, pero aun no siendo un caso, se ven los significantes que allí aparecen, y donde resalto principalmente al padre por fuera del goce que la madre instaura con los hijos, del goce de la madre que deja a su hijo prisionero de un lenguaje que no lo ubica en el mundo de los otros niños, más bien lo deja en otro mundo al que no hemos aun ingresado y al que el padre lleva tres años al parecer sin lograr entrar, pero de acuerdo con lo que nos dice Freud, sería el niño el que es llamado a renunciar a su goce, y a la lengua materna para ingresar a la lengua del otro, y esto hace parte de la función de la escuela, de modo que será trabajo de C., ingresar al mundo de lo social, pues dicho ingreso  implica una relación de inclusión del sujeto con el efecto de regulación del goce, vehiculizado en lo posible por la ley que lo separe de esta madre que goza de la exclusividad de su hijo.


El segundo caso es de la consulta privada, la madre consulta por su hijo de 11 años, porque tiene miedos terribles, no puede estar solo, hace comentarios acerca del deseo de morirse o no haber nacido, en la primera consulta me dice que no es su hijo biológico, es el hijo de su esposo en una relación que tuvo y del que ella se hace cargo desde los primeros meses de vida;  él padre le encarga traer el niño, el no sabría que decir a cerca de lo  que le pasa a su hijo y le encarga a la esposa de que se ocupe ella del tratamiento, pero me hace saber que esta dispuesto a venir en caso de que lo requiera. T. en la primera cita me habla de la desobediencia y de otro niño que se encarna en él y lo hace desobedecer, él dice que es otro, pues su propósito no es hacer sufrir a nadie, pero parece que hay otro que se le mete y le hace hacer cosas que él no quiere, al parecer  acoge bien lo que le explico acerca del funcionamiento del dispositivo, porque desde la primera cita me dice ¿entonces te puedo hablar de mi papá?  T. tiene la fantasía de no ser hijo de su padre a quien sin embargo se parece mucho físicamente, pero él siente que son tan distintos que debe pasar algo más. Es posible que él sea hijo de su tío pues tuvo una historia con su madre biológica, esto le convendría en todo caso, pues su tío es una persona que habla, que se deja querer, es un hombre que tiene sentimientos, mientras que su padre en la descripción que hace de él, no siente, por lo menos como se debe sentir a un hijo…en cambio mi mamá, si, mi mamá si me quiere, eso es muy raro, porque yo no soy el hijo, ella no me tuvo pero ella si me trata como un hijo…T. por desobediente se gana regaños y castigos del padre y siempre la madre debe intervenir para que no sean excesivos, pero siempre lo son…no le queda más remedio a T. que pensar que el nació para hacer sufrir a su mamá, porque es el hijo de otra mujer, ósea el hijo de un engaño ahí ya sufrió por mi  ahora sufre porque no obedezco y si no obedezco me pegan y sufre por eso…T. después de un mes de empezar su trabajo me dice que tiene mucho miedo, todo el tiempo tiene miedo, ve cosas, oye ruidos, es como una presencia que debe ser como el diablo,  una cosa como un espíritu, esa cosa parece anunciarle que él será malo, “ creo que eso se me aparece para que yo sepa y pueda hacer algo, por eso tengo miedo todo el tiempo, en la casa me dicen que son bobadas, pero te juro que lo siento, el problema es que cuando me volteo para ver bien qué es ya se desapareció, entonces yo a veces corro por la casa y mis papás dicen que me embobé…pero es verdad, no tengo tranquilidad ni un solo minuto, esa cosa es como si me quisiera hacer algo…al parecer la única solución que encuentra T. es hacer cada vez mas consistente la fantasía de estar pegado a su mamá, para que no le pase nada. T. me cuenta en detalle y se trata más o menos de la fantasía de que los médicos logren crear la manera de pegar a las personas, tal y como despegan a los siameses debería haber una manera de pegar los cuerpos, por un costado, de manera que queden con dos brazos y dos pies, para no estorbarse, pero que el no pueda estar nunca separado de ella…el miedo cree es lo que lo ha llevado a desear esto, bueno, es esto estar pegado de la madre  o morirse, porque el miedo no es a morirse, yo ya superé eso me dice, el miedo es a ser malo cuando sea un muchacho y la única salvación es estar pegado a la madre.

Yo me pregunto si este miedo es lo único que lo salva del padre, del vacío en la filiación en el  que lo deja sumido el silencio padre, no hijo biológico de la madre, hijo biológico del padre pero no adoptado simbólicamente a falta de palabra que los una como padre e hijo, parece ser hasta el momento la manera como T. formula algo de su sufrimiento.

No voy profundizar en los aspectos clínicos, solo  traigo estas viñetas como parte de las cosas que escucho a diario sobre el padre y que lo escucho directamente de los niños y adolescentes, bien podría referirme a los pacientes adultos y las construcciones que estos han hecho del padre, pero mi interés es señalar lo que un niño o un adolescente  puede decir en el tiempo mismo en el que la estructura subjetiva sufre  las organizaciones particulares que ya señalé.

Vuelvo entonces a la familia, vemos bien que en la palabra de estos niños  se relatan los vínculos posibles más allá de los lazos biológicos, pero igualmente muestra como cada uno en la familia se las juega en ella a partir de su subjetividad,  siendo indiscutible que la subjetividad de los padres tiene un efecto en los hijos, y me llama la atención en particular lo que ocurre con el padre, padre excluido de la lógica del encuentro del niño con su madre, padre no recocido como tal, por la falta de identificación del hijo en las coordenadas de un hombre sin palabras; del padre podrían decirse muchas cosas sin embargo creo que tanto Freud como Lacan hacen del Edipo una estructura metafórica  de las funciones  que allí se ponen en juego  y en el no se trata tanto de situaciones posibles como de la estructura en medio del cual un sujeto adviene como tal. Del padre pueden enumerarse muchos otros aspectos fenomenológicamente, creo que hemos escuchado ya muchas veces que la declinación del padre está en el centro de los cambios sociales a los cuales asistimos y que ya señale la anticipación que puede hacer Lacan sobre esto, pero en tanto estructura de la organización subjetiva a pesar de esta decadencia del padre o de su figura los sujetos pueden hacer algo con ello y es lo que llamamos síntoma.

Bien, la pregunta que estoy haciendo es qué  efectos tiene en las subjetividades de niños y adolescentes, el discurso actual enmarcado en la ciencia, la tecnología, el cortocircuito con los objetos de goce, el empuje a actos sexuales por fuera de los vínculos permanentes, etc. Una salida es el síntoma, es decir una forma de elaboración de tramitación de lo real del goce por medio de una construcción que encierra un sentido, creo que algunos de las palabras de Andrés lo dicen mejor, más vale esperar en la vía del encuentro sexual, del goce sexual resolver algo de lo que tiene que ver con el padre, Lacan, manteniendo la línea que ubica al padre como el centro de lo  que es destituido  a partir del capitalismo, dice que a pesar de este déficit del padre hay que servirse de él, que con Freud diríamos es tomar la vertiente del Ideal del yo.  La frase de Lacan es pasarse del padre  afín de servirse de él, por eso hay adolescentes que se las arreglan  bastante bien a pesar de lo convulsionado de la época, pues la respuesta subjetiva apunta al padre, aunque este falle. Servirse de él es hacer una elección con el significante, es decir servirse de la ley que el padre impone para hacer un nuevo Ideal del Yo: un Nombre, una profesión, incluso una no relación sexual homosexual, como en el caso de Andrés, hacerse  un síntoma y estar decidido a hacer algo con él, lo que aparece como un tropiezo o un trabajo más de la adolescencia adicional a las ya señaladas es esto de servirse del padre en un mundo donde la función paterna está tocada.  (Apuñalada)

En la época de la globalización, ¿qué lugar para el sujeto dividido?

En el estado actual de las cosas los servicios de psicología en cualquier institución se justifican  pues parece el único lugar donde las personas pueden venir a hablar de su división, auque sea para ligarla, para taponarla y cerrarla con las recomendaciones, también globales y actuales de las ciencias psicológicas, pero cuando hay una escucha diferente, cuando no hay globalización de los males, algo nuevo parece emerger, algo de otro orden parece emerger aunque la intensión del sujeto sea igualmente obturar su división y obturar la pregunta;  una escucha diferente da lugar a ese sujeto aun en el mundo globalizado, pero lo que me sorprende es un cierto clamor con aires de epidemia.  
En lo que va del año escolar en la institución donde trabajo (que inicio el año hace casi tres meses) recibo a tres niños porque se bloquean en los exámenes con lo que parece ser una crisis de angustia, recorrer el camino que los lleva del aula a mi oficia es el ultimo recurso, haciendo una parada en ocasiones en la enfermería porque nadie sabe qué hacer,  tal es el tamaño de la crisis, y de la  división que produce en el Otro maestro o directivo de donde solo el espacio de psicología es posible para contener semejantes muestras de sufrimiento;  en los mismos tres meses hay dos niños de primaria que parecen presentar una fobia escolar, entonces la crisis comienza en casa antes de levantarse, empieza el calvario, dice la mamá de uno de ellos, angustia, miedo, es lo que dicen los niños, tengo miedo de venir al colegio, de entrar al salón…paso obligado antes de ir a clase el servicio de psicología igualmente….pues no es posible al parecer enfrentar el monstruo sin pasar antes a decirme lo que piensa, lo que siente, no sin antes llorar un rato…solo van tres meses, no me quiero imaginar lo que va a pasar cuando avance mas el año, pero no es solo anecdótico lo que les señalo, cada año intentos de suicidio, medicación con antidrepresivos de un numero considerable de jóvenes entre los 13 y 17 años, crisis de angustia, ahora fobias escolares, no son ajenas a la cotidianidad de niños y jóvenes;  recurrir al psiquiatra no es la ultima opción, en ocasiones la sensación de enloquecer, de explotar y no soportar más la vida, el otro, la familia, es tan inminente que el psiquiatra es la primera  opción, pero no para que sostenga su división y de allí pueda emerger un deseo nuevo, no para un trabajo de análisis, sino para que “ me de algo para soportar estar viva” me dice una joven de 17 años que cursa grado 11º , muchos me hacen este pedido a mi también, dame algo que me haga olvidar lo que paso ayer en mi casa,  envíame donde alguien que me pueda quitar esto que siento, alguien que me saque del agujero negro, alguien que me haga no pensar, yo añadiría no saber, porque a pesar de la dimensión de los fenómenos no hay pregunta posible en la mayoría de los casos.
Me pregunto yo si es  un fenómeno  actual este sufrimiento  casi desmedido en los más jóvenes, me pregunto si es asunto de la edad, es decir una forma de solución bullosa por el real de la pulsión que se impone y no hay ideales o palabras que lo sostengan,  me pregunto si es asunto de la institución…solo preguntas, muy pocas respuestas…me pregunto si es falta de semblantes sociales o familiares que contengan el miedo,  la angustia y que estos  se deposite en un síntoma;  el que llega un día con miedo a los dos meses habla del aumento de peso a causa de la ingesta ansiosa de toda clase de alimentos, pero también esta el que no come nada, y se esfuerza en las pruebas físicas a ver si siente algo…multisintomatología?, no sabría como nombrarlo pero la pregunta es, esta es una forma de hacerse un nombre, o una forma de funcionar sin Otro, será un llamado al padre, será una forma de separación y tramitación del goce infantil afincándose en un goce mortífero…. en muchos casos el cuerpo por los excesos o los defectos no permite a los sujetos anclarse al sentimiento de la vida; parece que el anudamiento necesario entre imaginario, simbólico y real fallara, o fuera precario, de modo que sin haber forclusión para no hablar de psicosis, el sujeto andará con los vínculos con el otro, con el cuerpo y consigo mismo tan flojos que las identificaciones o el síntoma no son posibles. Dejo esto para la discusión pues lo que me parece particular de la época actual  es que no solo niños y adolescentes construyen  fenómenos que no llaman a ser  interpretados, que no  tienen  una forma localizada pues  los sujetos no saben si quiera decir lo que los aqueja, parece que no hay un envoltura sintomática, sino derivas de goce, que invaden la vida del sujeto (no solo adolescente o niño), pero que no tienen la cobertura significante necesaria para ser interpretados y por lo tanto parecen fuera de sentido.
Para terminar señalo una frase de Lacan en Televisión: “Los psi –cualquiera que sean- que se dedican a esa supuesta carga (de llevar a cuestas la miseria del mundo) no tienen que protestar sino colaborar. Lo sepan o no eso es lo que hacen”, Los psi, colaboran con el discurso actual, ellos también tienen remedios, curas globalizadas, el psicoanálisis aunque tiene limites frente a las demandas sociales, por ejemplo, no tiene una posición colaboracionista pues no es una terapéutica universal, y como forma clínica excluye de su dispositivo a quienes se resisten al saber del inconsciente, que en parte es lo que ocurre con las subjetividades actuales, al igual que con los objetos de consumo, piden aunque sea a gritos el remedio ultimo, nuevo, a su mal, que insisto no llama en las mas de las veces a ser interpretado, y el sujeto parece no estar allí convocado., lo que para niños y adolescentes sin embargo parece tener a veces consecuencias nefastas, pues amarrados al deseo del otro de la familia, están igualmente gobernados por esta forma de so querer saber que la cultura del goce les impone. Al igual que mis colegas apuesto a que es por la vía del análisis, (aunque no únicamente esta) que el sujeto puede asumir una posición diferente frente a los avatares de su época, haciendo un síntoma, un síntoma con un fondo de pregunta que le permita articular a lo real del cuerpo que se le impone la vía simbólica del encuentro con un deseo inédito, esta es la apuesta si bien en lo colectivo se oye el clamor, de los que no logran organizar su vida valiéndose del padre.

BIBLIOGRAFÍA
FREUD, Sigmund. Prologo a August Aichhorn. 1925. In. Obras completas. Amorrortu editores. Tomo XIX. Buenos Aires 1979.
Lacan, Jacques. Note sur l’enfant. 1969. In. Autres écrits. Éditions du Seuil. Paris 2001.

Lacan, Jacques. Allocution sur les psychoses de l’enfant. 1967. In. Autres écrits. Éditions du Seuil. Paris 2001.

Por: Mónica María Palacio C.    
Psicoanalista (AP), miembro de la Escuela de los Foros del campo Lacaniano.
Foro Pereira. 


miércoles, 1 de mayo de 2013

EL SUJETO DEL INCONSCIENTE NO SE EDUCA




La palabra educación está asociada a conducta o comportamiento delineado, y la pregunta obvia es: ¿qué es lo que hay que educar? Una posible respuesta sería, educar la pulsión, o en su defecto, los efectos de la represión. Dicho de otra manera los educadores administran síntomas, unos académicos y de aprendizaje otros de comportamiento.
¿Puede el psicoanálisis ayudar a prevenir dificultades futuras? En algún momento Freud creyó que sí. En el prólogo a Oskar Pfister para un libro sobre la importancia del psicoanálisis para la educación, Freud ya se lo preguntaba, veamos:
Así las cosas, surge naturalmente esta pregunta: ¿No se deberá emplear el psicoanálisis a los fines de la educación, como en su tiempo se lo hizo con la sugestión hipnótica? Las ventajas serían evidentes. El educador, por una parte, está preparado, en virtud de su conocimiento de las predisposiciones humanas universales de la infancia, para colegir entre las disposiciones infantiles aquellas que amenazan con un desenlace indeseado, y si el psicoanálisis posee influjo sobre tales orientaciones del desarrollo, el educador podrá aplicarlo antes que se instalen los signos de una evolución desfavorable. Vale decir que podrá obrar con ayuda del psicoanálisis, profilácticamente, sobre el niño todavía sano. Por otra parte, puede notar los primeros indicios de un desarrollo hacia la neurosis o hacia la perversión, y resguardar al niño de su ulterior avance en una época en que nunca lo llevarían al médico, por una serie de razones. Uno tiende a creer que esa actividad psicoanalítica del educador -y del pastor de almas, su equivalente en los países protestantes- no podría menos que producir inestimables frutos y a menudo volver superflua la actividad del médico[2].

Vemos un Freud muy idealista, tanto con respecto a las posibilidades de la educación y del educador, como del psicoanálisis. Se trataría de un educador que aplica el psicoanálisis.  Teniendo en cuenta la precisión que nos hace Jacques Lacan sobre el psicoanálisis aplicado como siendo lo que se hace en consulta con un paciente que lo demanda, podríamos pensar que si el maestro lo aplica es porque sería psicoanalista, a menos que para esta época ser psicoanalista implicara poseer conocimientos teóricos de esta disciplina, lo que nos permite preguntarnos: ¿en qué consistiría tal “actividad del psicoanálisis” de la que habla Freud?. También podemos preguntar si Freud está hablando de aplicar una teoría y en ese caso la pregunta sería ¿De qué manera el psicoanálisis, como teoría, se “aplica” a la educación con miras a la profilaxis?
Justamente párrafos atrás nos ha dicho  que se trata del psicoanálisis como psicoterapia. Hoy no creemos, con Jacques Lacan, que este sea el fin o el objetivo de un psicoanálisis, orientarlo por esta vía puede llevarnos a perdernos y a perder su especificidad. Mucho menos creer que el psicoanálisis tenga un método, un secreto, una maniobra que permita hacer profilaxis.  Seguramente una experiencia analítica temprana  para un niño podría ahorrar algún sufrimiento posterior, pero no es garantía de que eso pueda pasar.
Lo más importante es tener claro que educar y psicoanalizar son dos ejercicios opuestos porque, mientras el primero tiene que sofrenar las manifestaciones pulsionales, el segundo da vía libre para ser pasadas a la palabra, y al acto por la repetición en la cura, es decir, en la transferencia pero bajo la modalidad de la reelaboración o Ducharbeitung que se convierte en la base para esta misma. La educación no es un ejercicio de la asociación libre, Freud lo dice de manera clara:“La educación quiere cuidar que de ciertas disposiciones {constitucionales} e inclinaciones del niño no salga nada dañino para el individuo o la sociedad”[3] Si bien él consideraba que podían prevenir algo con su ejercicio, lo que es muy preciso es que la educación tiene un propósito muy claro de sofrenar, de limitar.
En este sentido, el educador no puede ser psicoanalista al mismo tiempo en su aula de clase, puede serlo por fuera del salón de clase, en su consultorio, si ha pasado por las condiciones necesarias para serlo; la primera y más importante,  por un análisis a partir del cual se ha autorizado, otras tales como el conocimiento teórico son secundarias al lado de esta. Ser analista entonces, en el aula, no es aplicar la teoría, aunque algunos asuntos de ella le pueden servir para conducirse como educador, por ejemplo, saber del inconsciente le permitirá contar con la posibilidad de la emergencia del síntoma, pero deberá contar con  que hasta allí llega lo que puede hacer y que deberá derivar u orientar a un niño a un analista para  hacerse cargo de lo que le corresponde en eso que le pasa. Es que la teoría no es una herramienta, un molde aplicable, la teoría explica pero no es la que cura. También sabemos que el texto de Freud Tres ensayos para una teoría sexual ha inspirado a muchos educadores en su oficio, para pensar el famoso “proyecto de educación sexual” impuesto por el ministerio a los educadores y a las instituciones. Si bien no logran prevenir los embarazos y las enfermedades de transmisión sexual, por lo menos cuentan con que el niño tiene sexualidad.   Es pues un empleo muy limitado el del psicoanálisis en forma directa.
Pero si este educador ha sido analizado, seguramente, su experiencia le permitirá descubrir la razón por la cual se ubica como educador. Pongo un ejemplo: Una paciente que trabaja en una institución de niños con un cierto nivel de abandono, ejerce como psicóloga y entre sus funciones están actividades de tipo educativo. Aunque lleve mucho tiempo de análisis no se autoriza como analista, pero su trabajo personal en la experiencia analítica le ha permitido descubrir que este tipo de trabajo responde a un síntoma en ella que podemos enunciar como “proteger a los niños de una manera distinta al abandono al  que  ella fue sometida”, estar avisada de esto, le permite acercarse con cierta cautela a quienes son sujetos de su trabajo, pero no le permite resolver el efecto que hace en cada uno de ellos su propia experiencia de abandono, la de los alumnos. Aquí la injerencia del psicoanálisis en la educación es apenas tangencial y limitada.
Hay un equívoco muy común, el de creer que, en la medida en que  la educación es la responsable de la neurosis, del síntoma, por la represión que de alguna manera promueve, una educación más liberal ahorraría tales síntomas. Freud lo creyó así en algún momento, especialmente en el texto El interés del psicoanálisis para las ciencias no psicológicas, en su aparatado “El interés pedagógico”, voy a citar un párrafo y a comentarlo:
Cuando los educadores se hayan familiarizado con los resultados del psicoanálisis hallarán más fácil reconciliarse con ciertas fases del desarrollo infantil y, entre otras cosas, no correrán el riesgo de sobrestimar las mociones pulsionales socialmente inservibles o perversas que afloren en el niño. Más bien se abstendrán de intentar una sofocación violenta de esas mociones cuando se enteren de que tales intervenciones a menudo producen unos resultados no menos indeseados que la misma mala conducta que la educación teme dejar pasar en el niño. Una violenta sofocación desde afuera de unas pulsiones intensas en el niño nunca las extingue ni permite su gobierno, sino que consigue una represión en virtud de la cual se establece la inclinación a contraer más tarde una neurosis. El psicoanálisis tiene a menudo oportunidad de averiguar cuánto contribuye a producir enfermedades nerviosas la severidad inoportuna e ininteligente de la educación, o bien a expensas de cuántas pérdidas en la capacidad de producir y de gozar se obtiene la normalidad exigida. Pero puede también enseñar cuán valiosas contribuciones a la formación del carácter prestan estas pulsiones asociales y perversas del niño cuando no son sometidas a la represión, sino apartadas de sus metas originarias y dirigidas a unas más valiosas, en virtud del proceso de la llamada sublimación. Nuestras mejores virtudes se han desarrollado como unas formaciones reactivas y sublimaciones sobre el terreno de las peores disposiciones {constitucionales}.La educación debería poner un cuidado extremo en no cegar estas preciosas fuentes de fuerza y limitarse a promover los procesos por los cuales esas energías pueden guiarse hacia el buen camino. En manos de una pedagogía esclarecida por el psicoanálisis descansa cuanto podemos esperar de una profilaxis individual de las neurosis.[4]
Es evidente que para Freud la responsable de la neurosis es la educación. Pero que además, lo que pasa en el niño es el efecto de un “desarrollo”.  Si bien cree que un maestro enterado de la sexualidad infantil, no se horrorizará ahora de las manifestaciones de esta en el aula o fuera de ella,  esto no es suficiente para evitar el trauma sexual ineludible que Freud piensa aquí como efecto de las limitaciones puestas por el educador. Lejos está Freud del paso más allá que da Lacan cuando nos introduce el trauma por la vía del lenguaje, allí donde hay algo que no puede pasar a las palabras, un goce experimentado que no encuentra acogida en el orden simbólico, instituyéndose en experiencia traumática, además de lo traumático mismo por la no proporcionalidad sexual.
Igualmente vemos a Freud convencido de que la sublimación se puede orientar, por supuesto entendida, por él aquí, como la producción de actos valorados socialmente, tema que venimos pensando y que toma otros rumbos en Lacan. Freud piensa que la educación puede orientar por el buen camino. Vistas las cosas de esta manera, el psicoanálisis termina confundiéndose con una educación, una orientación. Hoy sabemos que se trata de otra cosa, para decirlo de manera sencilla, que el sujeto se aperciba de lo propio que lo sitúa por fuera de la norma.
Para finalizar el comentario a esta cita ¿qué quiere decir Freud con que “En manos de una pedagogía esclarecida por el psicoanálisis descansa cuanto podemos esperar de una profilaxis individual de las neurosis”? ¿Qué sería una pedagogía esclarecida por el psicoanálisis? Tratando de poner un poco de distancia de esta perspectiva freudiana y acercándonos más a Lacan, podríamos tomar la frase a la letra y percatarnos que Freud creía en una juntura psicoanálisis-pedagogía, pero que esto lo sitúa del lado de un ideal que hoy, no creo que podamos admitir.
Es verdad, la presencia de los maestros en estos espacios es muy importante y ojalá asistieran a todas las actividades de formación que dispensa una Escuela de psicoanálisis, pero con miras a esclarecer las posibilidades e imposibilidades que hay entre el psicoanálisis y la pedagogía. Una asistencia asidua permitirá, probablemente, situar los dos planos de manera precisa, de tal forma que el uno no espere lo que no va a llegar del otro y más bien,  algo del psicoanálisis opere para una experiencia particular que enganche el maestro en una formación para su propio beneficio, probablemente al final tengamos un nuevo analista.
En algunas ocasiones, hablar de esta manera lleva al público a calificar al expositor de radical, demasiado exigente con la teoría y la práctica del psicoanálisis, fundamentalista, ortodoxo y mil calificativos que tienden a despreciar una posición. Esto pasará inadvertido cuando la convicción es de un rigor necesario, exigido al psicoanálisis para no degradar su uso.  ¡Pero si Freud habló muchas veces del psicoanálisis aplicado! Efectivamente, es en la conferencia 34 donde Freud toma partido por la aplicación del psicoanálisis a la educación y pone como ejemplo a su hija Ana, de quien sabemos que los resultados de tal empresa, fue un desvío del psicoanálisis.
En este texto Freud evoca la infancia como el periodo en el que se prepara una neurosis puesto que el niño tiene que enfrentar, según él, el dominio sobre las pulsiones y la adaptación social. Es por esto que nunca dudó en la importancia de la clínica con niños, cuando ya había surgido una neurosis manifiesta, pero también lo vemos pensando en la posibilidad de una profilaxis, veamos:
La intelección de que la mayoría de nuestros niños pasan en su desarrollo por una fase neurótica encierra el germen de un requerimiento higiénico. Cabe preguntar si no sería oportuno acudir en auxilio del niño con un análisis aunque no muestre indicios de perturbación y como una medida preventiva para el cuidado de su salud, tal como hoy se vacuna contra la difteria a niños sanos sin esperar a que contraigan esa enfermedad. El examen de esta cuestión hoy tiene sólo un interés académico; puedo permitirme elucidarla ante ustedes. A la gran multitud de nuestros contemporáneos ya el mero proyecto les parecería una impiedad enorme, y es preciso resignar toda esperanza en cuanto a conseguir que la mayoría de los padres y madres entren en análisis. Es que semejante profilaxis de las neurosis, que probablemente sería muy eficaz, presupone una constitución por entero diversa de la sociedad. La consigna en favor de la aplicación del psicoanálisis a la educación se encuentra hoy en otro lugar[5].
Si bien Freud se muestra escéptico, cree en ello. El problema no lo sitúa en la posibilidad del psicoanálisis mismo sino, en la organización social. Uno creería que Freud deduce entonces que lo que se puede hacer es una educación libre que le permita al niño satisfacer sus pulsiones de manera tranquila; pero no, cuán equivocados estamos puesto que a renglón seguido nos dirá que esto haría un daño al mismo niño y que además el papel de la educación es inhibir, prohibir, sofocar. Pero no se da por vencido, porque propone una tarea imposible para el educador puesto que de este depende que el niño no adquiera neurosis y les propone a los maestros buscar “entre la Escila de la permisión y la Caribdis de la denegación (frustración)”[6].  Debe el maestro saber cuánto se debe prohibir, en qué épocas y con qué medios.
Sin embargo, él mismo aprecia los límites que la educación pueda tener en lo constitucional, ante lo cual el maestro no puede operar de la misma manera en unos y otros, así es que les da un beneficio de inventario al reconocer que sólo pueden intervenir, en la prevención de los traumas infantiles. Pero no se ahorra una directriz:
Y si ahora reflexionamos sobre las difíciles tareas planteadas al educador: discernir la peculiaridad constitucional del niño, colegir por pequeños indicios lo que se juega en su inacabada vida anímica, dispensarle la medida correcta de amor y al mismo tiempo mantener una cuota eficaz de autoridad, nos diremos que la única preparación adecuada para el oficio de pedagogo es una formación psicoanalítica profunda. Y lo mejor será que él mismo sea analizado, pues sin una experiencia en la propia persona no es posible adueñarse del análisis. El análisis del maestro y educador parece ser una medida profiláctica más eficaz que el de los niños mismos, y además son muy escasas las dificultades que se oponen a su realización[7].
Así muestra Freud el educar como una tarea imposible, que además parte de un principio falso y es el que se puede evitar el trauma sexual, cuando ese ya viene en germen en el niño por ser hablante. Por otro lado sitúa el amor como la base para la formación; en este sentido rueda papel invocando a Freud con su fórmula perfecta para el educador ideal: aquel que sabe amar y poner límite. Sí, es cierto que esto es lo ideal, ¿pero se da? ¿Cabe dentro de los imposibles acuñados por Freud mismo?
Pero si uno avanza en el artículo vemos a un Freud dudando de las posibilidades de la educación, puesto que reflexiona sobre la obligatoriedad de llevar a los niños del lado de la subordinación de un régimen social determinado, así esté equivocado, lo cual implicaría que una educación de sesgo psicoanalítico, como la que él pensaba, debería fijarse otra meta distinta a la de los requerimientos sociales establecidos, sin embargo, considera que esto no le corresponde al psicoanálisis, que no debe decidir entre los partidos. Es claro que Freud alude a la situación social de su época y que esto le preocupaba hasta el punto de afirmar que:
Prescindo por entero de que se rehusaría al psicoanálisis todo influjo sobre la educación si abrazara propósitos inconciliables con el régimen social existente. La educación psicoanalítica asume una responsabilidad que no le han pedido si se propone modelar a sus educandos como rebeldes. Habrá cumplido su cometido si los deja lo más sanos y productivos posibles. En ella misma se contienen bastantes factores revolucionarios para garantizar que no se pondrán luego del lado de la reacción y la opresión. Y aun creo que en ningún sentido son deseables niños revolucionarios[8].
Qué lejos estaba Freud de lo que él mismo había descubierto, que el síntoma, es la objeción del sujeto a lo establecido, al goce para todos, que es la reivindicación de una singularidad que hace rebelde “por naturaleza” al niño.
Es que Freud se queda en el orden imaginario de la causa sintomática, aquello referido por los pacientes como los límites de la educación familiar ¿olvida Freud la elección de goce y la responsabilidad subjetiva de tal elección? Porque, allí donde hay una queja, es necesario ver cómo se situó el sujeto del inconsciente frente al acontecimiento referido. Es con Lacan que podemos situar la represión del lado del orden simbólico y Real, porque lo reprimido primordial es aquello que nos mantiene más acá de la destrucción absoluta a la que tiende la pulsión, podríamos decir que es una defensa intrínseca al sujeto mismo, que no hay que esperar la educación para decir que hubo represión y entonces neurosis. Sabemos que Freud teorizó el asunto así, pero pareciera que se olvidara de lo que su teoría propone, a la hora de recomendar aplicarla.
A propósito del asunto en Televisión, texto que recoge una entrevista hecha a Lacan, hay una respuesta muy interesante que toca el asunto. La pregunta es ” Hay un rumor que canta: si se goza tan mal, es que hay represión [répressión] sobre el sexo, y, esto es culpa, primero de la familia, segundo de la sociedad, y particularmente del capitalismo. La pregunta se plantea”[9].  Ante la cual Lacan responde: “Freud no dijo que la represión [refoulement]provenga del reprimir [répression] como tal: que (para dar una imagen) la castración se deba a que papá, a su crío que se toquetea el pitito, le esgrima: “ te la cortaremos, ya verás, si vuelves con eso”[10]
Una respuesta irónica en la que Lacan nos muestra las malas lecturas que se han hecho de Freud, puesto que en él hay que distinguir la represión originaria, de la que venía hablando, como estructural, y las secundarias que están determinadas por esta. Además aclara que  no se trata de un malestar como efecto de la civilización sino “malestar (síntoma) en la civilización”,[11] es decir que es inherente a esta, malestar inevitable puesto que la civilización se funda sobre la prohibición. Más enfáticamente y a manera de pregunta, Lacan dirá: “¿Por qué la familia, la sociedad misma, no serían creaciones edificadas a partir de la represión [refoulement]?”[12] Es decir que no son la sociedad, la educación y la familia las responsables de la represión y del síntoma. Posición radical de Lacan que debemos escuchar.
Se trata entonces de una represión estructural, la que introduce el lenguaje que borra al sujeto mismo, llevándolo a los confines de lo real y obligando al hablanteser a inventar algo que explique ese real mismo, Lacan lo dice así. ”…incluso cuando los recuerdos de la represión familiar no fuesen verdaderos, habría que inventarlos, y uno no se priva de hacerlo.  El  mito es esto: el intento de dar forma épica a lo que se opera a partir de la estructura”[13]
¿No se dio cuenta el mismo Freud de lo que estaba diciendo? Porque estos dos artículos que he comentado, muestran  un Freud creyente de la causa social y educacional, o la habilidad lectora de Lacan está, justamente, en leer entre líneas lo que hay en Freud y que él mismo no sabe. Así es un descifrador de lo que hay en el padre del psicoanálisis.
¿Hay un viraje en la posición de Freud con respecto a la educación? Sólo al final notamos una posición distinta, en el prólogo al libro de August Aichhorn de 1925 en el que leemos:
“Por eso no asombra que naciese la expectativa de que el empeñp psicoanalítico en torno del niño redundaría en beneficio de la actividad pedagógica, la cual se propone guiarlo en su camino hacia la madurez, ayudarlo y precaverlo de errores (…) Mi participación personal en esa aplicación del psicoanálisis ha sido muy escasa. Tempranamente había hecho mío el chiste sobre los tres oficios imposibles- que son: educar, curar, gobernar-, Aunque me empeñe sumamente en la segunda de estas tareas.  Más no por ello desconozco el alto valor social que puede reclamar para sí la labor de mis amigos pedagogos.” [14]
¿Cómo así? ¿Si todo el tiempo estuvo hablando de la educación como una posibilidad? Ahora dice que siempre la tuvo como profesión imposible, o se conduce como Platón proponiendo una república ideal, así no fuera posible realizarla? ¿Qué fin tendría esta perspectiva en Freud? En este prólogo reitera la necesidad del análisis para los maestros, de tal manera que esto les permita que el niño no sea más un enigma inaccesible ¿por qué el análisis personal permitiría a un maestro reconocer lo que es un niño? Tal vez por el reconocimiento del niño que hay en él, sobre todo de sus propios impulsos, de su síntoma y la posibilidad que tienen todos de defenderse con él.
El libro de Aichhorn le sugiere algo, veamos: “El psicoanálisis del niño puede ser aplicado por la pedagogía como medio auxiliar, pero no es apto para reemplazarla. No sólo lo prohíben razones prácticas, sino que lo desaconsejan reflexiones teóricas. Es previsible que no pasará mucho tiempo hasta que el nexo entre pedagogía y empeño psicoanalítico sea sometido a una indagación a fondo.”[15] Afirmación lejana de la conferencia 34 en la que vimos la posibilidad de una pedagogía psicoanalítica y con la que nos previene de leerlo a él mismo de manera estratificada. Uno escucha programas radiales de instituciones analítica que, seguramente de buena fe, intentan pensar todo lo que existe desde la perspectiva humana, con el psicoanálisis, en los que se esgrime la autoridad de Freud acerca del papel del educador, sin tomaren cuenta su evolución. Los oyentes quedan maravillados con lo que el psicoanálisis puede hacer, pero ahí uno se pregunta ¿qué psicoanálisis?
Si bien Freud tiene un propósito de aplicabilidad del psicoanálisis en la educación, es con Lacan que entendemos por qué el mismo Freud situó la educación entre las profesiones imposibles, al lado del psicoanalizar y el gobernar. No  podemos seguir promoviendo una educación psicoanalítica, así el mismo Freud diga que: “Cuando este ha aprendido el análisis por experiencia en su propia persona, habilitándose para aplicarlo en apoyo de su trabajo en casos fronterizos o mixtos, es preciso, evidentemente, concederle el derecho de practicar el análisis, y no es lícito estorbárselo por estrechez de miras.”[16] Olvida Freud la relación transferencial específica del psicoanálisis que para nada hay que confundir con la que surge del vínculo maestro alumno, así se basen en el fundamento del amor al saber. El acto del maestro es muy distinto del que está llamado a hacer el analista, la interpretación. El saber que se pone en juego en ambas profesiones es distinto también, mientras en la educación se trata de un saber teórico y un saber comportarse en el medio en que se vive, el saber del psicoanálisis es el saber del inconsciente, así mismo el sujeto del  que se trata no es el mismo, mientras que el de la educación es el yo en todos sus despliegues, el de la experiencia analítica es el sujeto del inconsciente que no se deja educar porque no se deja atrapar en la cadena significante desplegada en el análisis.
¿Qué puede ofrecer el psicoanálisis a la educación? Queda claro que puede ofrecer  la experiencia para aquellos comprometidos en ella que deseen emprenderla, pero no por el samaritanismo de ayudar a los alumnos sino porque se sufre, así mismo el niño derivado por un maestro que conoce algo de teoría que lo oriente, no ha analizar el niño como pensaba Freud, sino a reconocer que la experiencia analítica es del uno por uno en el consultorio de un analista.
Cuando nos convocaron a realizar un trabajo pensé que de esto ya había hablado muchas veces y decidí hacer uno nuevo  que es lo que he presentado, pero no puedo dejar de recordar uno de esos otros trabajos que no me han escuchado aquí porque fue en un espacio muy cerrado en una institución, lo que voy a decir desde ahora hace parte de ese trabajo, no voy a transcribir todo lo que dije sólo algunos apartes que me parecen necesarios para este. Se llamaba El afecto y los derechos del niño”
Decía entonces, que no es el niño del desarrollo el que más nos interesa en el psicoanálisis, es el sujeto del inconsciente que no se desarrolla sino que se estructura.  El niño del desarrollo es del que se ocupa la educación; con los mejores métodos y herramientas se  propone lograr un objetivo: “el buen desarrollo” como medida de lo “normal” como patrón que sirve para saber cuando uno de ellos se sale de la media, de la común medida porque algo salta, irrumpe como intruso, no sólo perturbando la homogeneidad, sino interrogándola.  Algo hace síntoma para otro, maestro, padre o adulto que está ahí como soporte para que un sujeto se haga representar.  Así estamos entonces en otra dimensión, en otro lugar, desconocido tanto para el mismo niño como para el adulto sorprendido.  Lugar en el que la particularidad del uno por uno de los niños se hace ver, particularidad que asusta y que hace consultar por lo que llamamos el “niño problema”.  Niño del desarrollo entonces perturbado por ese otro del que hablo, el niño de la estructura inconsciente.
Si bien no es el niño del desarrollo, el de la inteligencia, el de las facultades cognitivas el que nos ocupa en el psicoanálisis, sabemos que éste está influenciado o determinado por el que llamo de la estructura, ¿qué quiero decir con esto? Que todo ser humano está concebido no como una unidad sólida y armónica sino más bien como la coexistencia de dos antagónicas partes, una de la que podemos dar cuenta porque se ve en un yo del que podemos hablar, al que podemos describir, con el que nos vinculamos al mundo y otra parte desconocida pero existente, de la cual sabemos porque se manifiesta de muchas formas, incomodándonos, si ustedes quieren llamémosla otro yo.  Dos partes en una, ambas constituidas por el efecto del encuentro de un ser que nace con otro que lo recibe, depositario de unas demandas que antes han sido grito, interpretado para la respuesta que siempre será incompleta, es decir marcada por la imposibilidad de satisfacer todo lo que un niño pide porque lo que desea está más allá de lo que pide. 
 Si seguimos entre líneas lo dicho, nos percatamos que el psicoanálisis no propone un discurso de los ideales, qué él mismo se sabe en falta, que su fundamento es precisamente el no-todo, Que allí donde se espera lo propuesto hasta aquí, sabe que no hay ni padres ni madres óptimas o ideales, es más, que allí donde la buena voluntad del uno y del otro intenten lo mejor, el desencuentro constitutivo de lo sexual obliga a que no se pueda operar de manera ejemplar, por lo tanto, no hay el padre ideal que logre la empresa planteada, siempre será insuficiente, siempre entonces el hijo apelará al recurso del síntoma, para hablar de lo que se le hace insoportable.  Estoy diciendo en definitiva, no hay escapatoria: somos síntoma, pero síntoma necesario soportable a veces por los otros, insoportable la mayoría, motivo de discriminaciones y señalamientos desde el hogar hasta la escuela y toda comunidad que quiere la homogeneidad. 
Invocaba el derecho a un síntoma que lo represente, es decir a que entendamos que allí donde decimos: yo soy, de lo que hablamos es del síntoma que nos constituye sin escapatoria, síntoma que nos diferencia de todos, aquello que hace impedimento al encuentro tranquilo con el otro, pero que no es asunto de unos pocos, es de todos y que por lo tanto es un derecho que todo niño tiene, a ser considerado como una particularidad y no sólo como un niño problema.
Estamos entonces en el otro derecho que invoqué: El derecho a la singularidad.  Problemático, porque nos cuestiona a todos los que estamos aquí reunidos pensando en una colectividad: la de los niños, de pronto ese colectivo tiene que dejar de ser una masa homogénea para pensarla como la articulación de múltiples diferencias e individualidades.  Es cierto que nos debe mover la filosofía del bien común, pero, si lo pensamos, ese bien común se lograría si entendiéramos que cada uno es un sujeto diferente, con deseos distintos, con yoes diferentes; que a la educación le toca administrar y dirigir no la estandarización sino el uno a uno de sus niños.  El asunto es que es más difícil, más complicado, y la fuerza de la corriente de la, no sé si cabe el término universalización, nos arrastra, de buena fe pero nos lleva a negar un derecho que por la fuerza de la estructura se impone, el derecho a la diferencia.  No invoco el dejar hacer, más bien el dejar ser bajo el principio de un intento con los niños de enseñarles a ellos mismos a respetar el otro como distinto de sí mismo y por lo tanto el intento de convivir pacíficamente tratando de hacer un lazo social. 
Seguramente todos estamos convencidos de que es imposible el vínculo con el otro bajo la égida de la heterogeneidad, sin embargo lo que nosotros proponemos es el intento de la convivencia pacífica de las múltiples diferencias, mientras no estemos convencidos de ello no lograremos transmitirlo a nuestros niños.  También es por eso que cuando una diferencia se hace muy notoria nos angustiamos y no sabemos qué hacer con ella, es cuando se consulta para que ese niño que hace problema sea vuelto al redil. 
Estamos entonces en el derecho al reconocimiento de la responsabilidad del niño en lo que le pasa.  Es decir, allí donde la particularidad del infante no es medio de vínculo sino rompimiento de lazo, siempre buscamos el culpable o responsable afuera de él mismo, en los padres, quienes son llamados al orden por el discurso psicológico que piensa una ecuación directa: a padre bueno, niño bueno, ecuación que no resulta cuando vemos padres más o menos oportunos y niños conflictivos o la inversa, allí donde las dos funciones invocadas no operan el niño como respuesta es más o menos bien. 
Esto nos lleva a pensar que lo que es un sujeto no es efecto de una causa efecto directo, sino que el mismo sujeto responde desde una elección que le compete única y exclusivamente a él, por lo tanto buscar la causa y la solución en lo que hace marco para la vida de un niño, es decir en lo que lo rodea, no es la mejor vía para respetar un derecho que a su vez se convierte en una responsabilidad personal, saber por él mismo qué le compete de su malestar.  Porque no es cierto que los únicos molestos sean los profesores, padres, compañeros, el primero que sufre es el mismo niño, aunque no se percate de ello. Permitirle descubrirlo y hacerse cargo de lo que le corresponde, es la vía del sujeto, otra es la de la objetivación del niño que termina siendo manipulado por los adultos en la búsqueda de un qué le pasa y un qué podemos hacer.  Niños llevados de una consulta en otra, desde el neurólogo, pasando por los de moda, los magos que abundan en todo tipo de psicoterapias que ofrecen la cura sin contar con la palabra del niño.
Se trata pues del derecho a tomar la palabra, a decir ante otro, algo, a elaborar lo que mortifica.  Esto requiere de un tiempo particular también, un tiempo que no puede ser concebido por las instituciones que se inscriben en la lógica de la efectividad entendida como a menos tiempo más resultado, más volumen de atención, menos gasto económico; esto por un lado, por el otro la concepción de que el niño no puede tener una palabra propia porque se lo minusvalía en su capacidad de expresar, y entonces la toma de palabra por parte de los padres quienes terminan hablando por el hijo convencidos de que ellos saben qué le pasa puesto que creen saber quién es.  De lo que no están enterados es  que si cada uno es un completo desconocido para sí mismo, cómo va a ser posible que el otro padre, madre, maestro pueda saber quién soy y qué me pasa.  

BEATRIZ ELENA MAYA R. 

Miembro de la Escuela de los Foros del Campo Lacaniano, Foro Medellín, Foro Pereira. 
AME de la Escuela.  




[2] Freud S., “Introducción a Oskar Pfister, Die Psychanalytische Methode”. En Obras completas V XII. Editorial Amorrortu, Buenos Aires, 1980, p 352
[3] Ibid. p 351
[4] Freud  S., “El interés del psicoanálisis para las ciencias no psicológicas” En: Obras completas v. XIII. Editorial Amorrortu, Buenos Aires 1980, p 192
[5] Freud S., “Conferencias de introducción al psicoanálisis. Conferencia 34”. En: Obras completas v.XII, editorial Amorrortu, Buenos Aires 1980, p 137
[6] Ibid. p 138
[7] Idem
[8] Ibid, p 139
[9] Lacan J., Televisión. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p 555
[10] Ibid.
[11] Ibid. p 556
[12] Ibid
[13] Ibid. p 558
[14] Freud S., Prólogo a August Aichhorn, Verwahrloste Jugend. En Obras completas V XIX. Editorial Amorrortu, Buenos Aires 1980, p 296
[15] Ibid. p 297
[16] Ibid. p 298